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2007/6/8 Comentario de Paul Celan: fuga de la muerte«Pero me despierto siempre, y siempre quiero estar muerto».
Ramón Sampedro
Paul Celan es un mago de la palabra[1]. Fuga de la muerte es la narración de las muertes (asesinatos) de cientos de miles de judíos en los campos de exterminio nazis. La muerte allí, un proceso lento y sumamente doloroso que muchos supervivientes han intentado plasmar en cientos y cientos de páginas, Celan lo codifica en apenas treinta y seis versos con lenguaje simple y puntuación gráfica más que ausente.
La fuga es una pieza musical que el autor quiso representar fonéticamente en su poema (y lo consiguió conforme su propia lectura[2]), pero también es, en castellano —y aquí la traducción, pienso, supera al original—, el hecho de huir. Y huir es lo que hacían os judíos, precisamente, muriendo: porque si la muerte voluntaria los condenaría al infierno, el propio infierno no podía ser peor que sus vidas en los campos de concentración: hacinados, torturados, despersonalizados. La muerte en vida.
«Nos regala una tumba en el aire», «en los aires, allí no hay estrechez». El hombre, el asesino poeta, maestro de la muerte que escribe poemas a su Margarita amada, les regala —sin quererlo, sin pretenderlo—, matándolos, un destino infinitamente mejor que el actual: el cielo. Donde no hay estrechez, donde cabrán todos porque todos ellos, asesinados sin contemplaciones, son inocentes. Aquí, el doble sentido del aire, de las nubes: representación poética del cielo paradisíaco de las religiones.
«Un hombre […] azuza a sus mastines», es el hombre que juega con las serpientes, pura maldad que al final lo copa por completo; y con sus ojos azules de ario convertido en experto exterminador que compone versos en una casa que sólo él ocupa, en contraposición a los judíos amontonados a montones en sus frágiles cabañas, insta a los desfallecidos a trabajar para cavar, literal y metafóricamente, su propia tumba. Una cadena de trabajo perfecta.
«Tendréis una tumba en los aires», porque no era suficiente con asesinarlos en grupo: había que deshacerse de sus cuerpos sin vida.
Y los quemaban.
Y el viento, el aire donde no hay estrechez porque ahí ya caben todos, los acogía en su seno, y esparcía sus cenizas por el mundo entero como funesto abono ceniciento que empañaba la ya muerta belleza del mundo que conocían. El aire ceniciento, el cielo paradisíaco.
«Tu cabello ceniciento, Sulamita». Modélica referencia bíblica.«Tu dorado cabello, Margarita». Modélica referencia alemana. Una muestra más del poder de la generalidad en el poema.
Celan equipara la persona en sí de Margarita con la de Sulamita: ambas son personas con capacidad de ser amadas; ambas tienen cabello, y aunque de distinto color, ambas reciben los mismos cantos de amor, porque el autor toma como modelo el del asesino nazi, demostrando que los judíos son tan personas como sus torturadores. Y el verso se convierte en un lamento.
«Escribe al anochecer a Alemania», Alemania como abstracción, utopía producto de perturbados con una visión distorsionada de la realidad: Alemania dejó de ser un hogar y se convirtió en una tumba, en formadora de expertos asesinos: «la muerte es un maestro de Alemania.
«Negra leche […] bebemos y bebemos». Negra leche es el oxímoron perfecto, cargado de tanto sentido que casi expresa en sí mismo todo el horror del poema, de la muerte. La leche es blanca y necesaria para un crecimiento sano, y el color de la muerte es el negro. Leche negra es un veneno mortal que se ingiere día y noche; incesantemente y en dosis moderadas, suficientes para herir, pero no para matar inmediatamente; y se extiende por cada músculo, cada fibra, hasta tan profundo que el horror al que están expuestos continuamente anula el último y más bravo de los instintos: la supervivencia. El hombre grita «tocad más dulcemente a la muerte», música funesta aquella que acompaña en la función previa a la muerte.
Tambores y otras percusiones acompañaban en la antigüedad a los ejércitos, que ejecutaban sus batallas como si de un baile se tratase. La música ahora acompaña el trabajo asfixiante y último de los judíos que serán encerrados en cámaras —«un hombre […] azuza a sus mastines»— en contra o no de su voluntad, gaseados y quemados para su descanso eterno acunado por el juego bailarín del viento.
La música, «tocad más gravemente los violines», último atisbo de arte del mundo que están a punto de abandonar, cuyo propósito es cantar las bellezas de éste; la tocan los propios judíos, y cantan: «cantad y tocad / echa mano del hierro en el cinto».
Y ya no saben qué es peor: trabajar con la pala o extraer del corazón —ya seco por la opresión del dolor, el miedo y el horror: la muerte lo estruja con una mano entre sus huesudos dedos— alguna gota de sentimiento con el que ser capaces de arrancar sonido al canto, al instrumento.
Los que cavan exponen sus cuerpos al trabajo inhumano y mortal; los que hacen música soportan un pánico incurable con descanso y comida: la tortura sicológica de esclavizar la música a la muerte; acelerar el trabajo de sus compañeros con los cantos, el acercamiento del último día de sufrimiento terrenal. La ayuda inconsciente al propósito de sus asesinos.
[1] Basándome en una traducción
[2] http://www.wwnorton.com/sounds/celan/Todesfuge.ra 引用通告此日志的引用通告 URL 是: http://noaveiga.spaces.live.com/blog/cns!7827B6470E545614!710.trak 引用此项的网络日志
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